El escándalo protagonizado por el intendente de Chiriguanos, Antonio Caldera, continúa generando repercusiones en toda la provincia de Formosa. En diálogo con VLU 88.5, Nelson Torrez, el propietario de la vivienda que fue destruida cuando la camioneta SW4 del funcionario irrumpió en su hogar en la madrugada del sábado, describió con detalle los aterradores momentos que vivió.
“Estábamos durmiendo. Escuché el ruido del impacto, quise abrir la puerta y se me trabó. Pasé por la ventana y ahí estaba la camioneta adentro de mi casa“, relató Torrez, que en ese momento se encontraba junto a su esposa y su hijo de tres años.

El vecino reconoció al funcionario de inmediato. “Sí, lo conozco, él mismo manejaba la camioneta“, afirmó. Dentro del vehículo había también un hombre y una mujer. Torres no dudó al describir el estado en que encontró al intendente: “Estaba bien ebrio. No podía manejar. Quería salir de mi domicilio pero no podía”.
Según Torrez, luego del impacto apareció un grupo de jóvenes que comenzó a golpear al intendente y a destrozar la camioneta. El acompañante masculino de Caldera escapó del lugar, mientras que la mujer que viajaba con ellos se quedó llorando en la escena. Fuela esposa de Torres quien intervino para proteger al funcionario, encerrándolo en el baño de la vivienda hasta que cesaron los golpes.
“Si no lo meteían al baño le iban a matar, y la culpa iba a recaer sobre mí“, reconoció Torres con evidente preocupación. La policía llegó aproximadamente media hora después. Caldera fue retirado del lugar, con visibles signos de haber sido golpeado, tendría fractura de costillas y permanece internado en el Hospital Evita de Formosa.
Respecto a la promesa de reparación, el propio Caldera le habría garantizado en el momento que pagaría los daños. Sin embargo, dado el estado en que quedó el funcionario tras la paliza, Torres admitió que aún no pudo ponerse en contacto con él. “Me dijeron que no está en condición por los golpes que recibió”, señaló. Fue el intendente de Ingeniero Juárez, Rafael Nacif, quien se comunicó con Torres y envió cuadrillas para iniciar los trabajos de reparación, que ya están en marcha.
A pesar de ello, Nelson y su familia no pueden vivir en la casa. “Hay que derribar toda la pared para reconstruirla. Está destruida, no podemos vivir ahí“, explicó.
El damnificado también reveló que recibió presiones para no hablar públicamente. “Hay cantidad de gente que me dice que no quiere que hable con nadie”, confesó. Sin embargo, aseguró estar tranquilo y dispuesto a esperar que cumplan con la reparación. “A mí lo que me importa es que me arreglen la casa. Todo lo demás no me importa“, concluyó.
El caso ya genera debate en redes sociales y en los medios provinciales. La figura del intendente Caldera queda seriamente comprometida en un episodio que expone conductas incompatibles con el ejercicio de la función pública.

