La imagen se registró el jueves a la tarde en la zona norte de Comodoro Rivadavia, Chubut, a más de 2.000 kilómetros de Formosa: cerca de 50 personas hacían fila frente a una pollería para dejar su currículum. Entre ellos, varios formoseños. La escena condensa, con brutal elocuencia, la realidad que vive Formosa por la falta de oportunidades.
“En Formosa no hay trabajo. Vine a ver si encontraba algo en la actividad petrolera“, contó uno de los jóvenes que aguardaba turno frente al local “La Granja” al medio El Comodarense. Llegó hace apenas quince días a la ciudad patagónica. Al no poder ingresar al sector hidrocarburífero, decidió probar suerte en lo que hubiera.
No es un caso aislado. Una joven formoseña que lo acompañaba en la fila relató que lleva tres meses desempleada. Trabajó como niñera y en atención al cliente en nuestra provincia, pero la situación se volvió insostenible. “La situación allá estaba muy fea, no hay trabajo y vine a probar suerte acá“, resumió con una mezcla de resignación y esperanza.
Lo que en Comodoro se presentó como una simple convocatoria laboral de un comercio que acaba de abrir se convirtió involuntariamente en un espejo de la crisis económica que atraviesa Formosa. La provincia, históricamente dependiente del empleo público, no genera suficiente trabajo privado para retener a su población en edad activa. Ante ese vacío, la Patagonia —con su industria petrolera y su dinamismo comercial— se convierte en destino obligado para quienes no encuentran respuestas en casa.
El fenómeno no es nuevo, pero sigue creciendo. Y cada formoseño que hace fila a miles de kilómetros para conseguir un puesto en una pollería es, a su modo, una denuncia silenciosa sobre lo que la provincia todavía no ha podido resolver.
* Con información de el https://www.elcomodorense.net/

