La interna del Partido Justicialista formoseño entró en una etapa de herida abierta y absoluto descontrol. Lo que durante años se mantuvo debajo de la alfombra estalló con nombre y apellido en Ingeniero Juárez, donde el vicegobernador Eber Solís viajó para contener el daño y terminó siendo protagonista involuntario de la fractura que intentaba cerrar.
El resultado fue concreto y elocuente: Solís no pudo unir a las partes y tuvo que hacer dos actos separados en su tour por la localidad.
De un lado, lo institucional. El intendente Rafael “Pachanga” Nacif encabezó junto al vicegobernador una recorrida por los parajes de Teniente Fraga y Nueva Misión Pozo Yacaré. Nacif viene del radicalismo, pero por un punto más de coparticipación pone los deditos en V. En su discurso durante el acto, el intendente elogió al vicegobernador: “ya nos tiene acostumbrados nuestro vicegobernador a caernos si no es en moto, en su camioneta, a recorrer y parar en cada puesto, en cada casa“, dijo.
Del otro lado, el perfume es 100% gildista. Solís compartió un almuerzo por separado con José Fernández, director del Hospital de Ingeniero Juárez e hijo político del histórico ex intendente Víctor Fernández, junto a los concejales Walter Albornoz, Hugo Salinas y Luis Duarte. En sus redes, Fernández destacó la presencia de caciques, delegados, presidentes de comisiones y referentes de comunidades originarias en el encuentro.

Un dato que no es menor: Fernández fue condenado al pago de una multa equivalente al 20% del dinero sustraído —casi 995.736 pesos— como autor de malversación culposa. ADN peronista puro, con el respaldo explícito de Gildo Insfrán.
Con el poder heredado no alcanó, Solis fue a Juárez pero sin poder unir a las partes y con un detalle llamativo el vicegobernador relató con detalle su encuentro con Fernández y los concejales gildistas, pero no hizo ninguna mención a su recorrida con Nacif ni a la actividad institucional compartida con el intendente. Ninguneó a Nacif. No respetó la institucionalidad.

Ese silencio digital fue tan elocuente como cualquier declaración. Y en el ambiente político formoseño, la lectura fue inmediata: mandaron los locales del sector gildista. A Gildo Insfrán, señalan desde el entorno del poder provincial, eso no le pasaría.
Sin embargo, en su discurso frente al propio Nacif, Solís dejó escapar una frase que resume el estado de situación: “nosotros podemos tener diferencia, podemos tener alguna cuestión. Como toda familia, pero esa cuestión no nos puede hacer votar en contra de nuestro propio gobierno.“, reconoció.
La interna no es solo una disputa de actos y posteos. Tiene consecuencias institucionales directas. El Concejo Deliberante de Juárez lleva meses paralizado. El 1° de marzo, Nacif ni siquiera pudo concretar su discurso de apertura ante el cuerpo deliberativo. El dato más llamativo: los concejales sesionan en el propio Hospital de Juárez, el mismo edificio que dirige Fernández, el adversario político del intendente.
El mapa se repite
Este desorden no es exclusivo de Juárez. Se replica, con menor visibilidad, en otras localidades del interior formoseño, donde los concejales bloquean sistemáticamente a los intendentes para impedir el avance de ordenanzas. La lógica es siempre la misma: una interna que ya no respeta la verticalidad que históricamente caracterizó al peronismo formoseño y que se parece cada vez más al perfil radical, acostumbrado a la disputa abierta.
La explicación que circula en el ambiente político es una sola: especulan con un 2027 sin Insfrán. Cada sector mueve sus fichas pensando en el día siguiente, en el escenario que se abre cuando el hombre que durante décadas fue el centro gravitacional del poder provincial ya no esté. Solís fue a Juárez a poner orden. Volvió con la interna igual de abierta.

