Los incendios que golpearon diferentes sectores del oeste de Formosa comenzaron a mostrar otra dimensión de los daños: la mortandad de animales y el impacto económico sobre familias rurales que dependen de la producción ganadera para subsistir.
Juan José Pérez, jefe de la Estación Experimental del INTA de Ingeniero Juárez, explicó en Algo está pasando, por VLU FM 88.5, que todavía no existe un relevamiento definitivo, pero confirmó que existen “bastantes pérdidas” de animales, ejemplares lesionados y daños en infraestructura.
“Son todos pequeños productores”, explicó Pérez sobre las familias asentadas principalmente en sectores de Vaca Perdida, Pozo de Maza y comunidades rurales cercanas, donde se concentraron algunos de los focos más importantes.
Según relató, muchas de esas familias viven en puestos separados por uno o dos kilómetros y desarrollan una economía de subsistencia, por lo que perder cabras, ovejas o vacunos representa mucho más que una disminución de stock: significa perder alimentos, ingresos y parte del capital acumulado durante años.

“Nos quedamos sin las cabras”
La magnitud del impacto puede observarse en el testimonio de Cosme Cuellar, vecino del paraje La Manija, quien relató que las llamas llegaron aproximadamente a 20 metros de su corral.
Cuellar estimó que entre 40 y 60 cabras murieron o no pudieron ser recuperadas después del incendio, mientras que también encontró animales pequeños muertos dentro del monte.
“Las ovejas están todas quemadas”, describió el poblador, quien aseguró que su vivienda logró salvarse, pero el fuego alcanzó los campos, alambrados y los sectores donde permanecían los animales.
En la zona todavía intentaban determinar cuántos ejemplares lograron sobrevivir y cuántos permanecían dispersos en el monte.
Golpe directo
El problema adquiere una dimensión especialmente grave porque no se trata mayoritariamente de grandes establecimientos ganaderos, sino de pequeños productores y familias rurales cuya economía depende directamente de sus animales.
Una cabra, una oveja o una vaca representa producción de carne, leche, reproducción y, en determinados momentos, dinero disponible para afrontar otros gastos del hogar. Cuando el fuego elimina decenas de animales en pocas horas, también destruye parte de la capacidad de recuperación económica de esas familias.
A la mortandad se suman los animales sobrevivientes con quemaduras, la destrucción de pasturas, postes y alambrados, además de la dificultad para garantizar agua y alimento después del incendio.
Pérez señaló que todavía no existe una cifra consolidada del daño productivo, por lo que la verdadera magnitud de las pérdidas comenzará a conocerse a medida que puedan recorrerse los puestos rurales afectados.

Tres meses sin una lluvia importante
El jefe del INTA explicó además que la región llevaba aproximadamente tres meses sin precipitaciones importantes, en un escenario combinado con altas temperaturas, abundante material seco y fuertes vientos.
Aunque en Ingeniero Juárez y algunos sectores del oeste comenzó a registrarse una leve lluvia y garúa, la expectativa es que las precipitaciones permitan terminar de controlar los focos y reduzcan el riesgo de nuevos incendios.
Sobre el origen del fuego, Pérez aclaró que hasta el momento no está determinado. Consideró poco probable que se haya tratado de quemas planificadas para renovar pasturas, debido a que las condiciones de temperatura, viento y sequedad eran extremadamente desfavorables para realizar ese tipo de prácticas.
Mientras comienzan a controlarse algunos de los incendios, queda por delante otra emergencia: medir cuánto perdieron los pequeños productores y cómo podrán reconstruir una economía familiar que, en muchos casos, quedó literalmente atravesada por el fuego.

