El mapa de la desigualdad de ingresos en Argentina quedó trazado con números que incomodan. Según el último relevamiento de Focus Market, Formosa es la tercera provincia con menor ingreso per cápita familiar del país, con apenas u$s266,65 mensuales. Desglosado en días hábiles, eso equivale a u$s8,89 por jornada: menos de lo que cuesta una entrada de cine en Buenos Aires.
El dato no es un accidente estadístico. Detrás de ese número conviven el peso de la informalidad laboral, la escasa densidad industrial, la dependencia de las transferencias del Estado nacional y décadas de rezago estructural que el mero crecimiento macroeconómico no logró revertir.
Las tres provincias en el fondo del ranking comparten geografía norteña, alto índice de necesidades básicas insatisfechas y economías fuertemente vinculadas al empleo público. La Rioja lidera negativamente con u$s247,20 al mes, seguida de cerca por Chaco (u$s255,74). Formosa, con u$s266,65, cierra ese podio de la precariedad.
Para dimensionar lo que implica ese ingreso diario, el mismo informe ofrece una traducción en productos concretos. En Formosa, con el equivalente a un día de ingresos, una familia puede acceder a poco más de medio kilo de carne vacuna, cinco empanadas o una porción de helado. No mucho más.
En contraste, en CABA esa misma jornada alcanza para comprar un kilo y tres cuartos de bifes, catorce empanadas o un kilo y medio de helado. La diferencia no es cosmética: es estructural y condiciona la alimentación, la salud y las posibilidades de ahorro de millones de familias.
Desarrollo que no llega
La distribución geográfica del ingreso muestra un patrón persistente: el norte profundo sigue rezagado mientras la Patagonia y el AMBA lideran. Tierra del Fuego alcanza u$s635,52 mensuales y Neuquén u$s610,75, impulsadas por la renta hidrocarburífera y beneficios fiscales históricos. La brecha entre estas jurisdicciones y las norteñas no se cierra; en algunos casos, se amplía.
Argentina supera en ingreso promedio a Bolivia, Paraguay y Brasil, pero queda por debajo de Uruguay y Chile. Ese dato, sin embargo, pierde sentido cuando se desagrega: para un formoseño, el promedio nacional de u$s671 es una cifra abstracta que no refleja su realidad cotidiana.
La reducción de la informalidad laboral y la promoción de un desarrollo territorial más equilibrado aparecen como las dos palancas señaladas por los especialistas. Sin esas transformaciones, el mapa de ingresos de la Argentina seguirá siendo, antes que un indicador económico, una postal de la desigualdad.


