El gildismo tiene por delante un problema para el que no se preparó: discutir quién será gobernador si Gildo Insfrán no puede volver a serlo. Durante tres décadas, esa conversación fue innecesaria, inconveniente o ambas cosas. Ahora la incertidumbre judicial empieza a sentarse en las reuniones del oficialismo. No habla, pero modifica todas las conversaciones. Una de las respuestas que se evalúan sería recuperar la ley de lemas para gobernador. El destinatario principal de esa operación tiene nombre: Jorge Jofré.
La idea permitiría que varios candidatos disputaran la gobernación dentro de un mismo espacio y sumaran sus votos al conjunto. Cada dirigente podría alimentar su propia ambición sin poner en peligro la continuidad partidaria. Una interna con salida a las urnas, pero sin salida del oficialismo. Para Jofré, una oportunidad. Para quienes temen una ruptura del intendente, un seguro.
La herramienta tiene antecedentes conocidos. En junio de 2011, cuando Vicente Joga, Ricardo Buryaile y Francisco Nazar buscaban confluir en el Frente Amplio, la posibilidad de competir con distintos sublemas les permitía sumar fuerzas con las propias reglas del justicialismo. Insfrán les cambió la aritmética antes de que llegaran a las urnas.

El diputado gildista, Alberto Sánchez, presentó la modificación que eliminó la ley de legas para la categoría de gobernador y vicegobernador. El oficialismo la aprobó y la suma se convirtió en miedo: la oposición dejo solo a Nazar, en todo sentido, con una de las peores elecciones del Frente Amplio.
Lo que entonces resultaba intolerable porque podía reunir a los adversarios ahora podría volverse conveniente para impedir que se dispersen los propios. Las virtudes de una ley, en Formosa, depende de si Insfrán le puede sacar provecho para sostener su sistema autocrático.
La trayectoria ofrece otras estaciones: la interpretación constitucional por parte del STJ que habilitó la continuidad de Insfrán en 1999, la reforma del 2003 que incorporó la reelección indefinida y la modificación electoral de 2011. El resto de los mandatos comenzaron moviendo las fechas para estrategias propias. El poder fue cambiando las reglas mientras explicaba que lo permanente era el modelo. Una flexibilidad jurídica al servicio de una notable rigidez política.

Esta vez, sin embargo, hay un actor que no responde a la conducción provincial. La Corte Suprema declaró inconstitucional la reelección indefinida en diciembre de 2024. La reforma de 2025 estableció un límite, pero agregó una cláusula transitoria que considera el mandato en ejercicio como el primero del nuevo esquema. El contador volvió a cero, aunque el gobernador ya cuenta 30 años. Esa disposición está ahora bajo revisión judicial.
La exclusión de Insfrán de la boleta todavía es una hipótesis. Pero sus consecuencias ya tienen vida propia. El oficialismo necesita encontrar a alguien capaz de ganar y, al mismo tiempo, dispuesto a reconocer una autoridad superior después de asumir. La historia política suele ser poco generosa con esa combinación.
Según la lectura que circula en sectores del peronismo provincial, una de las garantías que se buscarían para la transición sería “no revisar el pasado” en la gestión. La expresión resume una aspiración de continuidad y protección del círculo gobernante; por sí sola, no prueba un pacto ni permite atribuir delitos. Sí revela el problema de fondo: cuánto del poder de Insfrán sobreviviría cuando las decisiones llevaran otra firma.
Jofré aparece en el centro de esa contradicción. Tiene una estructura propia, gobierna la capital y busca ampliar sus vínculos hacia el interior con el sigilo para evitar desnudar las verdaderas intenciones. Su eventual candidatura podría ofrecer competitividad al oficialismo. Esas mismas condiciones le darían margen para negociar. En una organización acostumbrada a distribuir instrucciones, alguien con capacidad de negociación introduce una incomodidad.

En una reunión con mujeres de su gestión, según el relato de asistentes, el intendente habría dejado una frase que permite asomarse a esas expectativas: “Si no pasa lo que todos queremos que pase, al menos un ministerio nos va a quedar y ahí vamos a estar todos”. La gobernación quedó sin nombrar. El ministerio apareció como consuelo. A veces, el destino de máxima se entiende mejor cuando se anuncia el de mínima.
“Este año se larga”, se escucha en sectores de su entorno. Los más cercanos, en cambio, subrayan su lealtad. Entre ambas versiones se mueve Jofré: necesita que su aspiración se conozca sin que parezca una desobediencia. Una candidatura que debe hacerse visible procurando no proyectar demasiada sombra.
La eventual vuelta de los sublemas para la categoría de gobernador buscaría resolver ese equilibrio. Permitirle competir sin obligar a Insfrán a elegirlo como único heredero. También evitar que una promesa incumplida lo empuje a conversar con otros espacios. Fuentes opositoras aseguran que hubo contactos, aunque de allí a una alianza existe una distancia que ninguna versión permite dar por recorrida.
“Si no pasa lo que todos queremos que pase, al menos un ministerio nos va a quedar y ahí vamos a estar todos”.
Radicales y libertarios observan con interés el trato que recibe el intendente dentro de su propia fuerza. La solidaridad política suele volverse particularmente intensa cuando el maltratado dispone de votos. Para una oposición que busca ampliar su competitividad, una fractura del oficialismo sería una oportunidad difícil de ignorar.
La interna capitalina ayuda a explicar esas especulaciones. La ubicación de Javier Caffa al frente del departamento Capital del PJ dejó un mensaje: Jofré puede gobernar la ciudad sin conducir el partido en su distrito. “El que gana conduce, el que pierde acompaña” es una máxima peronista de aplicación aparentemente optativa.
Caffa también aparece entre los nombres, elegidos a dedo, que podrían disputar la sucesión municipal. Su ascenso altera las expectativas de Marcelo Sosa y María del Carmen “Petu” Argañaraz. La capital es, al mismo tiempo, un premio y una plataforma: quien pretenda limitar la proyección provincial de Jofré tiene motivos para disputarle el control de su propio territorio.

En ese movimiento, Sosa aparece asociado al sector del ministro de Economía, Jorge Ibáñez, con acercamientos interesados al espacio del Jefe de Gabinete, Antonio Ferreira. Las diferencias entre esos grupos no impiden coincidencias cuando se trata de reducir el margen del intendente. La competencia por suceder al jefe admite acuerdos parciales para que ningún competidor se adelante demasiado.
Ferreira conserva un entorno político que lo reconoce como referencia, con dirigentes como Hugo “Cacho” García, Agustín Samaniego y Adrián Muracciole. Pero los períodos de menor presencia del funcionario, salud de por medio, habrían expuesto la dependencia de ese grupo respecto de su conductor. Un dirigente del oficialismo lo describió con una ironía: “Andaban de un lado para otro, no los atendían, se dieron cuenta de que no es su perfume, sino el de Ferreira”.
La frase apunta a una diferencia que las sucesiones vuelven evidente: tener influencia y tener acceso a alguien influyente pueden parecer lo mismo durante años. La confusión termina cuando el teléfono deja de ser atendido.

Entre los dirigentes históricos, Ibáñez aparece como uno de los nombres con mayor capacidad para intervenir en la forzada sucesión. Su prolongada presencia en áreas centrales del Gobierno le permitió construir una extensa red de relaciones. Un viejo conocedor del oficialismo lo llama “el señor de los favores” y lo explica así: “Hace 20 años maneja la obra pública, la caja, los proveedores y cada uno que quiere algo le debe un favor”.
Es una caracterización política de esa fuente, que expone cómo se percibe su influencia dentro del propio espacio. En una sucesión, la agenda acumulada durante años puede convertirse en una estructura. La incógnita es cuántos de esos vínculos acompañarían una candidatura y cuántos seguirían esperando la indicación de Insfrán.
El apellido del gobernador ofrece otra alternativa: la familia. Carlos Hugo Insfrán y Yanina Insfrán podrían representar marcar el apellido en la boleta, aunque su recorrido y construcción politica solo es equivalente por el árbol genealógico al jefe provincial. El apellido facilita el reconocimiento; la autoridad requiere una elaboración más compleja. Los votos y las obediencias no se transmiten necesariamente con las mismas reglas que una herencia.

José Mayans ocupa otro casillero potencial. Las versiones sobre tensiones con Insfrán conviven con una relación de décadas y con la posibilidad de volver a acordar. También alimenta las especulaciones el lugar de Insfrán como senador suplente. Pero una eventual salida hacia el Senado dependería de movimientos concretos; no es un traslado automático de despacho.
Mayans tiene exposición nacional, aunque ese volumen no se corresponde necesariamente con una estructura propia de igual alcance en la provincia.
En Clorinda, el jefe de la bancada de UxP ya no tiene la fuerza para reconocérsele como territorio propio: el intendente Ariel Caniza ha ido acorralándolo en la disputa de poder, pese a las operaciones en su contra que llegaron en sobre a los canales porteños. Y en el mismo sentido a la conexión “Skierker” con un grupo de denunciadores radicales sin sillas.
Desde El Colorado, Mario Brignole también hace sus cuentas. Su proyección hacia 2027 deja abierta la pregunta sobre el cargo al que aspira. A orillas del Bermejo se le escucha una frase: “Ya es hora de que nos deje”. No hace falta mencionar en voz alta, aunque aseguran que solo es la impaciencia de la ambición.
El caso de Eber Solís depende especialmente del escenario judicial. La cláusula transitoria cuestionada comprende al gobernador y al vicegobernador. El alcance de una eventual sentencia y la interpretación sobre los mandatos y la sucesión recíproca serán decisivos para sus posibilidades. Darlo por habilitado o excluido antes de esa definición sería confundir un deseo político con una conclusión jurídica.

En el caso de Solís vuelve a aplicarse la teoria del “perfume del jefe”. ¿Cuánto de su construcción política depende de las virtudes propias?. Son los mismos que se ríen del chiste aunque no tenga nada de simpático para que “no se entere el uno”.
Mientras tanto, circulan versiones sobre un supuesto entendimiento a gran escala que permitiría otra candidatura de Insfrán. No hay elementos públicos que permitan dar por acreditado ese arreglo. El rumor cumple, de todos modos, una función disciplinadora: si el jefe todavía puede continuar, apresurarse a discutir la herencia puede resultar una imprudencia.
También el calendario forma parte de la estrategia. Un eventual adelantamiento de las elecciones provinciales a junio de 2027 permitiría separar la disputa local de la nacional. Hasta que exista una convocatoria, es una posibilidad. El oficialismo puede calcular cuándo le conviene votar; no controla con la misma facilidad cuándo resolverá la Corte.
El tribunal dispuso un traslado de la demanda por 60 días, pero ese plazo no equivale a una fecha de sentencia. La espera mantiene a todos en una posición incómoda: deben preparar la sucesión sin dar por terminado al conductor. En el gildismo, el futuro empieza a organizarse hablando en voz baja.

Aun fuera de la boleta, Insfrán conservaría una fuerte gravitación sobre el PJ y sobre una estructura que se construyó alrededor de su liderazgo. Nadie puede suponer que esa autoridad desaparecería al día siguiente. Tampoco que permanecería intacta indefinidamente. Quien reciba el gobierno tendrá herramientas para construir una autoridad propia. Esa es la parte de la sucesión que ninguna promesa consigue clausurar.
La ley de lemas podría contener a Jofré, ofrecerles una pista a otros aspirantes y reunir votos que amenazan con separarse. Su eventual regreso exhibiría, además, una dificultad que el oficialismo empieza a reconocer: para conservar el poder sin Insfrán, quizás necesite habilitar la competencia que durante años mantuvo bajo control.
El modelo formoseño podría conservar el nombre. Lo que está por verse es si puede conservar su funcionamiento cuando el gobernador y el jefe político sean dos personas distintas. La ley de lemas suma votos. No suma obediencias.

