El ministro del Superior Tribunal de Justicia de Formosa, Ariel Gustavo Coll, protagonizó uno de los momentos más resonantes del XIII Encuentro del Foro de Prensa y Comunicación Institucional de los Poderes Judiciales de las Provincias Argentinas y Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que se desarrolla en la ciudad de San Juan.
Coll abrió su intervención citando al filósofo austríaco Ludwig Wittgenstein —”los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”— pero también invirtió la frase para formular una advertencia de fondo: “Los límites de mi mundo determinan mi lenguaje”.
Con esa inversión conceptual, el magistrado señaló que los lenguajes violentos y crueles que circulan hoy en el espacio público no son casuales, sino el reflejo del tipo de sociedad que algunos sectores pretenden construir e imponer.
Frente a ese diagnóstico, el juez convocó a hacer exactamente lo contrario. “Volver a revalorizar la palabra como poderosa herramienta para moldear el pensamiento, crear historias y construir la propia percepción del mundo”, sostuvo ante una mesa que compartió con la presidenta de la JuFeJus, Emilia María Valle, el titular de la Corte de Justicia sanjuanina, Daniel Olivares Yapur, y el también ministro del STJ de Formosa, Guillermo Horacio Alucín, entre otros magistrados y referentes de la comunicación judicial del país.

El lenguaje como espejo social
El ministro profundizó en la dimensión ética del lenguaje, recordando que la palabra “puede herir o curar, construir o destruir, ensalzar o difamar”. En ese marco, advirtió que quien habita un mundo marcado por la violencia y la humillación inevitablemente reproducirá ese vocabulario. Por eso, subrayó, la responsabilidad de quienes trabajan en comunicación institucional es doble: no solo informar, sino también modelar un discurso público más sano y más veraz.
Coll fue especialmente duro al referirse a la manipulación de la información judicial, un fenómeno que, según señaló, los comunicadores de los poderes judiciales enfrentan de manera cotidiana. “Parece que hoy estamos banalizando la democracia frente a la manipulación de la información que sabemos que existe. Muchas veces se manipulan informaciones judiciales, lo sabemos, y ustedes luchan permanentemente contra todo esto”, valoró, dirigiéndose directamente a los profesionales de prensa presentes en el encuentro.
Los artesanos de la palabra
En uno de los pasajes más emotivos de su discurso, el magistrado reivindicó la figura de los comunicadores judiciales con una definición que fue muy bien recibida por los presentes: “Los comunicadores son artesanos de la palabra“. Con esa imagen, Coll destacó el trabajo minucioso, comprometido y muchas veces silencioso de quienes, desde las oficinas de prensa de los tribunales provinciales, construyen día a día el vínculo entre la Justicia y la ciudadanía.
En ese sentido, recordó que el Foro de Prensa de la JuFeJus —del que es coordinador— cumplirá 22 años el próximo 26 de noviembre, con sus objetivos intactos desde el primer día. Destacó que hoy las 24 jurisdicciones del país cuentan con oficinas de prensa propias, un logro que calificó de impensado en los inicios del foro y que atribuyó, en buena medida, a la tarea persuasiva de los comunicadores ante magistrados que en un principio eran escépticos respecto de la necesidad de comunicar institucionalmente. “La comunicación sin ética no es comunicación, es vulgarizar palabras sin sentido”, remarcó.
Inteligencia Artificial y el desafío del futuro
El ministro también se refirió a la irrupción de la inteligencia artificial en el campo de la comunicación. Lejos de rechazarla, llamó a encuadrarla dentro de un marco ético claro: debe ser una herramienta al servicio de la verdad y la transparencia, nunca un sustituto del criterio profesional ni de la responsabilidad humana en el manejo de la información.
Para cerrar su intervención, Coll recurrió a una cita del escritor uruguayo Eduardo Galeano que resonó como síntesis de todo su mensaje: “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo“. Un recordatorio de que la transformación democrática no siempre se fragua en los grandes escenarios, sino también —y sobre todo— en el trabajo cotidiano de quienes eligen las palabras con cuidado, convicción y sentido de responsabilidad.

