Un mapa inédito elaborado por investigadores de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (Exactas UBA) pone en evidencia una de las paradojas más dolorosas de la salud pública argentina: miles de niños padecen al mismo tiempo desnutrición —expresada como retraso del crecimiento— y sobrepeso. El fenómeno, conocido como “doble carga de la malnutrición”, no es uniforme en el territorio nacional: tiene geografía, tiene nombre, y tiene rostro.
La investigación, publicada en la revista científica Spatial and Spatio-temporal Epidemiology, es la primera en mostrar con nivel de detalle jurisdiccional esta problemática en el país. Y lo que revela el mapa no deja lugar a dudas: el norte argentino, y en particular la provincia de Formosa, concentra algunos de los departamentos con los indicadores más alarmantes del país.
Al observar el mapa, la provincia de Formosa aparece teñida mayoritariamente con los tonos más oscuros de la escala, los que corresponden a los valores más críticos tanto de retraso del crecimiento —con proporciones de entre 0,123 y 0,191— como de sobrepeso —con registros de entre 0,139 y 0,182—. Ambas variables se superponen en el territorio formoseño de manera casi sistemática: no hay una sola “mancha” oscura, sino un patrón extendido que abarca gran parte de sus departamentos.

Esto significa que en Formosa conviven, en las mismas comunidades y muchas veces en los mismos hogares, niños que no alcanzan la estatura esperada para su edad —señal de privación crónica de nutrientes— junto a otros que acumulan peso en exceso, en muchos casos producto de dietas hipercalóricas pero nutricionalmente pobres. Dos caras de una misma crisis alimentaria.
Casi un millón de niños bajo la lupa
El equipo de la UBA, liderado por el investigador del CONICET Gerardo Cueto y su Grupo de Bioestadística Aplicada, procesó datos antropométricos —peso y talla— de casi un millón de niños y niñas menores de cinco años atendidos en más de siete mil centros de salud del sistema público de todo el país. Es decir, la población más vulnerable: aquella que no tiene cobertura médica privada y depende exclusivamente del Estado.
Para poder representar las dos variables en simultáneo —y no como fenómenos separados—, los investigadores desarrollaron “modelos espaciales conjuntos”, una herramienta estadística que permite detectar patrones geográficos superpuestos que reflejan determinantes sociales, ambientales o estructurales compartidos.
Una paradoja que tiene explicación
La coexistencia de desnutrición y obesidad en un mismo territorio puede parecer contradictoria, pero la ciencia la explica hace más de dos décadas. A comienzos del siglo XXI se acuñó el concepto de “doble carga de la malnutrición” para describir exactamente este fenómeno: poblaciones que han abandonado dietas tradicionales y diversas por acceso a alimentos ultraprocesados baratos, ricos en calorías vacías pero pobres en micronutrientes, vitaminas y proteínas de calidad.
En regiones como el norte del país, donde la pobreza estructural convive con el aislamiento geográfico, la falta de agua potable, la inseguridad alimentaria crónica y sistemas de salud sobrecargados, el cóctel es especialmente tóxico para el desarrollo físico y cognitivo de los más pequeños.
Evidencia, no suposiciones
“Nuestros hallazgos son esenciales para identificar áreas de alto riesgo y orientar estrategias integradas para reducir las desigualdades tomando decisiones basadas en evidencia”, explicó Cueto a la agencia de divulgación científica de la UBA. La frase no es retórica: en un país donde las políticas de salud y alimentación han oscilado históricamente entre la urgencia y la improvisación, disponer de un mapa con esta precisión territorial es una herramienta de planificación sin precedentes.
Los investigadores ya tienen definida una segunda etapa del estudio: identificar qué variables —socioeconómicas, ambientales, de acceso a servicios— explican por qué ciertos territorios concentran esas “manchas más oscuras”.

