Los números son contundentes. Según el último informe de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) Total Urbano, publicado por el INDEC con datos del tercer trimestre de 2025, Formosa cierra el ranking nacional de ingresos en el tercer lugar desde abajo, superando apenas a Chaco y La Rioja. No es una novedad, pero esta vez los datos permiten dimensionar con precisión la profundidad de una desigualdad que se reproduce sin interrupciones.
El ingreso per cápita familiar promedio en la provincia fue de $379.980 mensuales durante el tercer trimestre de 2025. Pero el promedio, en distribuciones tan desiguales, suele disimular la situación de la mayoría.
La mediana, que refleja lo que gana la mitad de la población, fue de apenas $293.933 por persona al mes. Dicho de otra forma: uno de cada dos formoseños vive en un hogar donde el ingreso por integrante no llega a $300.000.
Para ponerlo en contexto: el promedio nacional urbano de ingreso per cápita fue de $605.535, es decir, un 59% más alto que el formoseño. Y si se compara con la Ciudad de Buenos Aires, donde el promedio trepó a $1.086.336, la brecha es de casi tres a uno. Un porteño promedio gana casi lo mismo que tres formoseños promedio juntos.

El ingreso total familiar medio en Formosa alcanzó $1.278.228 mensuales, el segundo más bajo del país detrás de Chaco. En el otro extremo, un hogar porteño promedio percibe $2.566.356, el doble exacto.
Una economía sostenida por el Estado
Tal vez el dato más estructural que arroja el informe es la composición de los ingresos por fuente. En Formosa, solo el 66,4% de los ingresos individuales proviene del trabajo, mientras que el 33,6% restante corresponde a fuentes no laborales: jubilaciones, pensiones, planes sociales y subsidios del Estado.
Es, junto a Corrientes, la proporción más alta del país en dependencia de ingresos no laborales, y contrasta con provincias como Neuquén, donde el trabajo genera el 80,3% de los ingresos, o la Ciudad de Buenos Aires, con el 78%.
El dato no es menor: en Formosa, un peso de cada tres que entra a los hogares viene del Estado. Eso habla de un mercado de trabajo con escasa capacidad de generar empleo privado genuino, y de una población que depende críticamente de las transferencias públicas para sostener su nivel de vida.
El trabajo registrado, un privilegio
Entre quienes sí trabajan en relación de dependencia, la diferencia entre estar registrado o no define mundos completamente distintos. Los asalariados con descuento jubilatorio —es decir, en blanco— percibieron en promedio $1.041.348 mensuales por su ocupación principal. Los que trabajan sin aportes, en negro, cobraron $400.644. La brecha entre ambos grupos es del 61,5%, una de las más altas del país, por encima del promedio nacional del 53,3%.
En términos concretos: un trabajador informal en Formosa gana menos de la mitad que uno registrado. Y la informalidad no es una excepción: según los datos del informe, 59.000 asalariados formoseños trabajan sin descuento jubilatorio frente a 60.000 que sí lo tienen, una proporción casi paritaria que refleja la magnitud del problema.
Las mujeres, las más perjudicadas
La desigualdad en Formosa tiene también una marcada dimensión de género. Los varones perciben un ingreso total individual promedio de $705.151, mientras que las mujeres cobran $572.289, una brecha del 18,8% medida sobre el ingreso masculino. Pero cuando se analiza la mediana —el dato más representativo de la mayoría—, la distancia se amplía: $592.500 para los hombres contra $396.000 para las mujeres, una brecha del 33,2%.
Eso significa que las trabajadoras formoseñas están concentradas en los segmentos de menores ingresos, ya sea por la prevalencia de empleos informales, jornadas parciales o tareas peor remuneradas.

