La empresa estadounidense Nano Energy presentó al gobierno nacional una propuesta de inversión de más de US$ 230 millones para completar y poner en operación la Nueva Planta de Uranio (NPU) de Dioxitek, ubicada en la provincia de Formosa. El proyecto, que buscaría encuadrarse en el Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (RIGI), podría representar un salto histórico en las capacidades nucleares del país.
La iniciativa contempla dos etapas. La primera apunta a terminar la construcción e inaugurar la instalación NPU-1, destinada a producir dióxido de uranio (UO₂), el combustible que utilizan las centrales nucleares argentinas Atucha I, Atucha II y Embalse, cuya demanda conjunta ronda las 230 toneladas anuales. La segunda etapa —y la más ambiciosa— prevé la construcción de una planta complementaria para convertir ese dióxido de uranio en hexafluoruro de uranio (UF₆), el compuesto que se emplea como materia prima en el proceso de enriquecimiento, con destino al mercado mundial.
Se trataría de una novedad para la Argentina: aunque el país posee conocimiento técnico en esa conversión, nunca lo hizo a escala industrial.
Una sociedad público-privada con un modelo inédito
Dioxitek —empresa estatal productora de dióxido de uranio— conservaría la propiedad de la planta y del terreno, mientras que cedería su uso a una nueva sociedad conformada junto a Nano Energy, que pagaría un usufructo por la utilización del activo.

El vínculo entre ambas empresas no es nuevo. En agosto del año pasado firmaron un memorando de entendimiento que les permitió evaluar las capacidades técnicas de Dioxitek y del sector nuclear argentino en su conjunto. El acuerdo terminó de cerrarse durante la Argentina Week en Nueva York, en un evento organizado por la Secretaría de Asuntos Nucleares y el Consulado argentino en esa ciudad.
El problema de origen que el acuerdo busca resolver
La planta de Formosa comenzó a construirse en 2014 y acumula más de una década de demoras. Su diseño original preveía dos líneas de producción con una capacidad nominal de 250 toneladas de UO₂ cada una —500 toneladas en total—, muy por encima de lo que consumen las centrales nacionales.

“Tenés 280, 290 toneladas huérfanas“, graficó Federico Ramos Napoli, secretario de Asuntos Nucleares, quien antes de asumir ese cargo lideró el proceso de saneamiento económico de Dioxitek como gerente y presidente de la compañía. Según su diagnóstico, el proyecto careció desde el inicio de un modelo de negocios viable, dado que la producción proyectada no tenía destino comercial asegurado.
El acuerdo con Nano Energy apunta precisamente a corregir ese desequilibrio: garantizar el abastecimiento interno y, al mismo tiempo, abrir una ventana de exportación en un mercado global donde la demanda de hexafluoruro de uranio crece de manera sostenida.

