Argentina cerró 2025 con una cifra que pocos esperaban: 40.508 hipotecas otorgadas en todo el país, casi cuatro veces más que durante 2024. El número se convirtió en símbolo de un crédito hipotecario que volvió al centro del sistema financiero, tras años de práctica desaparición. Sin embargo, esa recuperación no llegó por igual a todos los rincones del mapa. Formosa es el ejemplo más crudo de esa desigualdad.
La provincia registró solo 39 hipotecas durante todo el año, según el Monitor de Crédito Hipotecario de la Fundación Tejido Urbano. Es el número más bajo de todo el país, y pone en evidencia una distancia abismal respecto a los distritos que lideran: la Provincia de Buenos Aires (13.540), la Ciudad Autónoma (11.827) y, más cerca en espíritu geográfico, provincias del interior como Córdoba (3.780) o Santa Fe (2.898).
Para graficar la magnitud del desfasaje, alcanza con un dato: mientras la Provincia de Buenos Aires otorgó una hipoteca cada 26 horas en promedio durante 2025, Formosa otorgó una cada 134 días.
La pregunta obvia es por qué. Los factores son varios y se retroalimentan. El acceso al crédito hipotecario exige, en la práctica, ingresos formales y estabilidad laboral, dos condiciones que en Formosa son estadísticamente las más difíciles de acreditar del país.
La estructura económica de la provincia, con un peso desmedido del empleo público y una economía informal que atraviesa al sector privado, actúa como un filtro que excluye a una parte considerable de la población desde el inicio.
Los datos de 2025 dibujan un mapa en el que el boom hipotecario es real, pero lejos de ser nacional en sentido genuino. Formosa, con sus 39 hipotecas en un año que se describió como histórico, es la cifra que mejor resume esa paradoja.

